Colillas: un problema ambiental pero también de higiene urbana

La Ciudad de Buenos Aires fue pionera en prohibir y sancionar a quienes arrojen este residuo en la vía pública. Sin embargo, este mal hábito cotidiano sigue observándose. Fortalecer las campañas de sensibilización y concientización y tratarlas correctamente resultan acciones necesarias para disminuir los impactos ambientales que causan.

Aunque las colillas de cigarrillo son un residuo muy pequeño y liviano, es enorme el impacto ambiental que pueden generar por su mala disposición. Si prestamos atención, en las calles encontraremos decenas de ellas, ya sea cubriendo canteros, formando una larga fila a lo largo del cordón o dispersas por las veredas. Sí, las colillas invaden las ciudades: los cerca de 10 mil millones de cigarrillos que son desechados cada día las convierten en el residuo de vía pública más arrojado del mundo.

El acto de tirarlas al suelo, al parecer, muy normal para muchos fumadores, va acompañado de un conveniente desconocimiento sobre la real magnitud que esto supone. Primero, no se trata de un residuo biodegradable, está hecho principalmente de acetato de celulosa, una forma de plástico, y miles de sustancias químicas tóxicas. A su vez, tarda mucho en descomponerse, pero al hacerlo va liberando compuestos que son nocivos para el ambiente. Por citar un ejemplo, se estima que tan solo una colilla puede contaminar entre 50 y 1000 litros de agua.

Además de un gran problema ambiental, también lo son para la higiene urbana. Un estudio demostró que el 76 % de los cigarrillos fumados en la vía pública son tirados en esas mismas calles, en vez de ser dispuestos de forma correcta. El final es poco alentador: escurren junto con el agua por las bocas de tormenta más cercanas y terminan en el Riachuelo y el Río de la Plata.

A su vez, representan entre el 30 y el 40 % de los residuos recolectados cada año en la limpieza urbana y costera. En la Ciudad de Buenos Aires, un relevamiento realizado en 2017 por la organización EcoHouse halló, en un radio de apenas cuatro manzanas del microcentro porteño, más de 10.000 colillas en el piso. Y esto en el lapso de solo una hora. 

Para enfrentar tal situación, una de las propuestas de EcoHouse fue la colocación en la vía pública de cestos exclusivos para colillas, además de incentivar a la comunidad a “adoptar” un cesto, que puede ser colocado en bares, discotecas, vía pública, hogares, comercios, eventos, empresas y en cualquier otro lugar donde se requieran.

Con el objetivo de conocer con más precisión dónde se concentran las colillas, el Observatorio de Higiene Urbana de la Ciudad está relevando distintos puntos, con la hipótesis de que la presencia más alta se da en lugares de transición desde ambientes externos a otros internos donde se prohíbe fumar, como paradas de colectivo, entradas de edificios, bares, restaurantes, centros de salud y educativos, tal como se halló en diversas ciudades del mundo.

Av. Corrientes 3701, cantero en entrada de edificio 

Piedras 1601 , entrada de hotel

En nuestro país, la Ley Nacional 26687/11 establece la prohibición de fumar en espacios cerrados destinado al acceso público y donde se genere un alto riesgo de combustión por la presencia de materiales inflamables, como por ejemplo, estaciones de servicio.

Por su parte, la Legislatura porteña, a fines del 2020, aprobó una norma que prohíbe y sanciona con multas económicas, trabajos comunitarios y educación ambiental a quienes arrojen colillas de cigarrillo en la vía pública. Así, se convirtió en la primera metrópolis de la Argentina en contar con una ley de este tipo, alineándose con lo que ocurre en otras partes del mundo.

Sin embargo, a más de un año de su aprobación, descartar cigarrillos en la vía pública sigue siendo un mal hábito cotidiano. Se necesitan fuertes campañas de sensibilización y concientización sobre su correcta disposición, aunque ya sabemos que las colillas ni ningún otro residuo deben ser tirados a la calle. Porque no desaparecen por más que los perdamos de vista, y además de ensuciar y alterar la limpieza urbana, generan grandes problemas al ambiente.

Tampoco alcanza con disponerlas en un cesto papelero para que terminen acumuladas en un relleno sanitario. Es clave que reciban un tratamiento adecuado para eliminar el potencial daño que pueden generar.

Mientras tanto, a la espera del resultado de las políticas a largo plazo, es urgente seguir buscando soluciones en lo inmediato.

Asociación Sustentar